Joe Crepúsculo: desde la disidencia

Joe Crepúsculo: desde la disidencia

Supercrepus, uno de los dos discos editados por Joe Crepúsculo el año pasado, fue nombrado como mejor disco del año por la revista española Rockdelux. Este hecho, sumado a las innumerables menciones de Crepúsculo en sitios españoles como El Blog de La Nadadora y Jenesaispop no sólo llamaron la atención de quien escribe, sino que sembraron la duda sobre la calidad de este artista: mal que mal, varios artistas destacados años anteriores parecían haber encontrado eco acá en Chile (Los Planetas, El Guincho, Nacho Vegas, Astrud) cosa que no ocurrió con Joe Crepúsculo (o su ya mencionado Supercrepus). ¿Por qué pasó esto?

Joe Crepúsculo no es un artista con una propuesta fácil. Mientras que el resto de los proyectos españoles pareciera haber girado hacia los 60s como fuente de inspiración (psicodelia y Motown de por medio), Joe Crepúsculo se esmera en prescindir de ella: si Guille Milkyway profesa un amor ciego hacia The Ronnettes, Joe Crepúsculo toma el remo y enfila hacia Alaska. Ahí donde La Leyenda del Espacio (Los Planetas) busca en Camarón y el flamenco un asidero para hablar del rock;  Supercrepus olvida a la madre tierra para someterse a un particular paseo por un electropop de baja calidad: el curioso primer single de este disco, “Espada de Damocles”, combina a la perfección la música de videojuegos épica con el encanto simple del pop en menos de dos minutos. La sección rítimica de”Vente conmigo”, por otra parte, está compuesta de un xilófono y palmas que permiten acompañar un estribillo pegajoso: ‘ven a bailar / ven a reír / si estás dispuesta / a ser feliz’.

Esta disidencia musical también tiene su contraparte en las letras: Supercrepus, según su propio autor, es un disco que habla sobre el amor… pero desde una óptica extraña, aparentemente inocente, mas no por eso carente de lucidez. Son letras que reviven la simplicidad para hablar del amor, ese amor que no necesita complejas rimas o metáforas llenas de clichés  para ser explicado, pero sí un cierto grado de perversión. ¿Ejemplos? ‘La medida del amor es amar sin medida / y si precisas de una mano recuerda que ya tengo dos / ama y haz lo que quieras’ (“Ama y haz lo que quieras”);  ‘Niña me voy / a la mar / a-la-mar / si no me llevas contigo / te olvidaré / ca-pi-tán’ (“Capitán”).

Esta fructífera combinación entre inocencia e ironía tiene su punto más alto en la inmensa “Amar en tiempos de democracia”, una crítica  a la manera de vivir el amor en una sociedad democrática, pero amarrada a la frivolidad: ‘no es fácil de amar / en tiempos de democracia / cuando la moral / ha perdido toda su eficacia y esplendor / social’. Tanto esta pieza, así como “Los faunos” (sobre la pérdida de dignidad) o “El día de las medusas” (himno de la resignación), se clavan como navajas afiladas – una metáfora constante a lo largo del disco – en lo más profundo del ser.

Dejando a un lado la madurez compositiva de Christina Rosenvinge, el neo-tropicalismo punk de Coconot, las cada vez más forzadas ironías de Astrud y los cientos de lugares comunes en los que pareciera haber caído la música española, Supercrepus justifica con creces las innumerables menciones a lo largo del año. Pero, curiosamente, no desde un lado brillante, sino desde un claroscuro que pocos intenta explorar: la zona crepuscular del corazón.

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Categoría: Música  |  Tags: ,

Commentarios

2 opiniones en “Joe Crepúsculo: desde la disidencia”
  1. vapourboat dice:

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  2. Padrino dice:

    me gustó mucho “amor en tiempos de democracia”, creo que se titula así.

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