Dragon Ball – Evolución
La adaptación al cine de Dragon Ball es un experimento tan extraño que decir que es una falta de respeto a la serie original es poco. El director James Wong (un visionario detrás de la pituquita Destino Final) intenta de mala forma resumir muchos años de la saga, mezclando batallas muy ordinarias con un guión que se aleja del mundo colorido, alegre, cómico y absurdo de Gokú -ese mundo donde el presidente de todos los países era un perro, la gente tenía dinosaurios como mascotas o los chanchos hablaban. Este acto fallido pervierte a los personajes y olvida lo más importante: generar tensión a partir de un conflicto atractivo.
La cinta se basa en la etapa en que aparece el demonio Piccolo, pero acá está todo dado vuelta: Gokú tiene 18 años, todavía vive su abuelo, Bulma es más machorra que coqueta y el maestro Rocchi es como un cuarenton fome y no el viejo caliente y chistoso que conocíamos. Pero si dejamos de lado eso, la historia que crearon para filmar esta “Dragon Ball – Evolución” nunca queda muy clara y al final la anécdota se reduce a un simple problema entre tres o cuatro personajes interesados en que las míticas esferas del dragón no sean utilizadas por los malos. ¿Y eso a quién le puede importar si la humanidad nunca está en peligro? ¿Si tampoco aparecen personajes con superpoderes o increíbles escenas de acción? A nadie y con dificultad a un fanático de las historietas acostumbrado a ver las antiguas peleas contra Frezzer, Cell (la más bacán a mi gusto) o Majin Bu.
La falta de un buen conflicto da paso a que durante toda la película se trate de “impedir algo”. ¿Impedir qué? No lo dicen nunca. O sí, pero no importa de verdad porque los malos no aparecen mucho y sin antagonistas lo que queda es el largo camino del héroe, o sea, el crecimiento como luchador de Gokú. Recurrir a este factor es lo peor porque se problematiza según la mirada occidental, que aunque suene a fanático nerd, no se relaciona con el mundo oriental del que proviene el personaje. Al Gokú de la película le interesa peinarse, agarrarse a las minas, no ser el menos popular de la “preparatoria” y bacanear en las fiestas. Al Gokú de la serie a lo más le importaba comer, pero siempre salvaba a sus amigos y al planeta. Ese es el gran error: adaptar según las reglas del género de acción juvenil una historia que antes combinaba enfrentamientos de alto nivel entre el bien y el mal.
A esto hay que sumar una estética horrible, muy oscura y hasta cyberpunk, pero flaite. Las escenas de acción son poquísimas y el cuidado de los colores es terrible: mucho humo, mucha nube negra, desiertos improvisados… Es decir, ambientación tipo Power Rangers en el 2009. Insisto que esto va en desmedro de la cinta porque la pregunta natural es ¿dónde quedó el imaginario que conocíamos y que a todas luces supera a este extraño producto cinematográfico?
El gusto que queda después de ver “Dragon Ball – Evolución” es bien amargo y el dolor es grande; para uno que fue y es fanático de Dragon Ball esta película es una basura y más encima ultra fome, además del intento menos arriesgado por llevar al cine al bacán de Gokú y sus amigos.



que lata, no he visto la pelicula y menos ganas dan ahora, tipico que los gringos terminan echando a perder oportunidades de hacer buenas peliculas, como con esta serie. y si pos, gokú era el más feliz comiendo mucho y durmiendo siestas donde los mocos se le hacian globitos, eso era lo mejor, inolvidable!
hace un par de semanas fui a ver Cuentos que no son cuento, y antes de eso vi el trailer de esta cuestión… y pucha, me pregunto: dónde quedó la nube de Gokú?
Una lata.
Yo también me llevé una tremenda decepción, pero se veía venir. Claro que el pastelón de fome y fea no pensé que sería tanto.
Esta película no hay que verla mas que como un chiste o una especie de fanfic entre Akira Toriyama y sus fanáticos bizarros, por algo él mismo fue el productor ejecutivo de la película. Es casi como un “Ha há bobos amelicanos siganle dando mas dinelo al dlagón” XD