Sobre el homenaje a Krassnoff y la reacción de la izquierda
Poco inteligente. Poco política. Pareciera que la única forma válida de reaccionar de quienes se identifican o quieren o creen identificarse con la izquierda es desde la histeria. Entiendo el nivel del trauma. Entiendo que sería imposible, incluso torpe, en términos políticos no reconocerlo. El problema es cuando el discurso es el trauma. Cuando la política, o en este caso “lo” político, la identidad política de izquierda de quienes no forman parte del engranaje oficial, se limita a la identificación de un “en contra” de la dictadura y sus representaciones. Y su desacuerdo solo sabe manifestarse unívocamente mediante la pataleta.
Hay formas sutiles de hacer circular ideas fascistoides, la más común es el inmediato repudio, el “en contra”, sin pensar, por qué estoy “en contra”, ¿estoy “en contra”? y luego cómo estoy “en contra”. ¿Es el lugar del “en contra” el más útil en términos estratégicos?
¿Qué hubiese pasado si en vez de ir a insultar y empujar fachos afuera del Club Providencia, alguna de las organizaciones que se presentó hubiese convocado a un “homenaje extraoficial” con una exposición de métodos de tortura, con material informativo, sin juicios de valor, sin histeria? ¿Una muestra interactiva?
La producción política y cultural, melancólica, neurótica y obvia del imaginario, de la ideología de la izquierda tradicional que ha jugado un rol fundamental dentro de la “reconstrucción” democrática, ha sido tan pobre en términos críticos que no hay capacidad en quienes se identifican con esta postura de cuestionar sus propias representaciones. Y todo lo que se enmarque fuera de ellas se despolitiza. (Como las manifestaciones “creativas” de los secundarios).
Alguien en twitter tuvo la lucidez de leer el homenaje como una posible provocación, como “una trampa”. Un señor de apellido Lacan, decía que el trauma más que con la experiencia, tiene que ver con los recuerdos de esta experiencia. Si lo que se quiso provocar (y se logró), con el genocidio y la tortura fue un trauma social, no me parece ilógico, considerando el sadismo ilustrado de esa gente, que refrescando, cada cierto tiempo la memoria (trabajo en el que la cultura oficial de izquierda también tiene mérito) se siga sacando provecho, de un trabajo muy bien hecho, de aniquilación política.



Es sin duda uno de los hechos más pateticos de los últimos tiempos politicos. Krassnof y su pandilla consiguieron en su totalidad recordar un pasado doloroso en momentos de agitación social, mientras rostros ultrafachos de derecha se suman al discursito de “yo soy de derecha, pero no apoye las torturas” que no se lo cree ni su mamá, claro esta, solo lo dicen por que tienen que decirlo. Por el otro lado, el rol patético de la concertación y otras caras que si son verdadera izquierda asumen inmediatamente un papel de llanto.
Fue una reacción visceral desde el trauma, como bien dices, pero que mas se puede pedir a quien ha sufrido,
como han sufrido muchos de los presentes, no solo con los apremios sufridos antaño, también con la impunidad.
Esa misma impunidad no genera nada mas que esa rabia que se desborda al mas mínimo estimulo,
quizás esa reacción reflexivo/creativa, como la de una “expo funa”, sólo podría darse en un entorno de verdad, justicia y castigo a los culpables.
Comentario votado como negativo. . Haz click para verlo de todas maneras.
fuera de hueveo, esto es lo más lúcido que he leído en esta página. una sorpresa.
Comentario votado como negativo. . Haz click para verlo de todas maneras.
Estimadx Jackie O,
Su articulo me parece deficiente y carente de información relevante que podría servirle para dar mas profundidad a su texto. En relación al título de este vale la pena acotar que la Convocatoria a la Funa de Krasnoff fue convocada por una Agrupacion Judia dirigida por el Señor Gabriel Saliasnik, que en el pasado ha sido abogado de Pinochet. Esto genero el resquemor de participar entre otros del propio Partido Comunista y de la Agrupacion La Funa (del PC) que se sintió totalmente ajena a este llamado (más allá del uso del nombre que ellos han ocupado en estos 20 años de democracia para castigar a aquellos criminales que viven en la impunidad). La gran mayoría de los que asistimos a este nefasto evento no adscribimos a ninguna de las organizaciones antes mencionadas. Lo que en lo personal me llevó a gritar de forma rabiosa y molesta en la cara de todos estos cómplices de Miguel Krasnoff son los temas no resueltos, los traumas no sanados y el dolor de ver como pasan los años y que poco a poco se olvida sin hacer el sano ejercicio de reparar heridas y hacer los justos mea culpas. Sin duda alguna las acciones fueron desmedidas, descontroladas, ajenas a la razon y en muchos aspectos de una visceralidad que denota justamente un Chile dividido, marcado por la injusticia y que exije (aunque ya seamos los menos) una real reparacion al daño hecho por la Dictadura a miles de chilenos y chilenas, me hago totalmente cargo de la neurosis e historia por usted mencionada y creo que son los sintomas evidentes de estos traumas no resueltos, de un país que adolesce y que no se le ha permitido hacer un ejercicio tan sano como recuperarse de las heridas, llorar (y que la pena se pase) y obtener una real reparación.
Ese día no hubo empates, ni revanchismos ni ganadores, no se trato de ver quien gritaba mas fuerte ni mucho menos quien aguantaba mejor el odio del otro, fue vivenciar en carne propia la bofetada con que estos 20 años de maloliente democracia nos han tratado a muchos chilenos y chilenas que no olvidamos y que queremos respuestas.
Saludos Cordiales
Estimado Felipe:
¿Por qué personas que aniquilaron la nación, y que por lo demás tienen el control político y económico del país, habrían de tener ahora una reconversión moral y harían un mea culpa?
Yo no critico las emociones, sino la nula reflexión con que esa sensibilidad es expuesta. Me parece nefasto que no haya una visión crítica respecto del discurso victimizador de la memoria de izquierda, que por lo demás ha sido muy bien instalado por la política concertacionista a través de iniciativas reparatorias como el Museo de la Memoria, o el informe Valech. Medidas que terminaron de instalar comunicacionalmente en el imaginario colectivo a las atrocidades cometidas en dictadura como una “violación” a los “derechos humanos” asociando esto a cuerpos, al dolor de las familias por estos cuerpos desaparecidos y abusados, despolitizando el hecho.
La tortura fue el brazo armado de una revolución económica a nivel global. Por eso es necesario,situarse más allá de la histeria. Porque fue un dolor aplicado estratégicamente, no fue un abuso irracional. Creo que la gente que fue valiente y pago las consecuencias con la vida, se merece mucho más que reclamos
viscerales y calmantes simbólicos a esos reclamos viscerales.
Atte,
Concuerdo contigo en la crítica a la victimización de la izquierda y su conservadurismo inherente. Si todo se queda en reparar a la víctima, al final ésta se apodera de una ética incuestionable, renuente a todo examen. Y por lo tanto a toda crítica y a toda política.
Ahora bien, no entiendo la relación de necesidad que haces entre esta despolitización y el hecho de que las violencias estén (como lo están) asociadas directamente a cuerpos que luego son llorados por las propias víctimas o sus familiares. Creo ver que en el hecho que sean cuerpos existiría para ti una mayor “naturalización” y por tanto un mayor potencial de quietud y de eficacia simbólica. No estoy de acuerdo. Cuando las asociaciones se cristalizan en el reconocimiento de un derecho, ocurren dos cosas: se tienden establecen una distinción y tienden a naturalizarla (y de ahí la importancia de criticarlas). Dejar fuera es violentar, ya sea política o cognitivamente. El cuerpo, con su imagen física, sólo hace más burdo ese hecho, pero el principio trasciende esa condición material. El principio está en la articulación de la distinción, la sanción de la ley y la reparación. Toda asociación, así, es violenta y la política se trata precisamente de gobernar las violencias. En ningún caso de eliminarlas del todo.
Si la asociación principal hubiese sido la que tu reclamas (la tortura es el brazo armado de la economía global, del proyecto hegemónico neoliberal), eso hubiese violentado el dolor privado de las víctimas y hoy estaríamos reclamando por mecanismos de reparación personales.
La tortura fue las dos cosas, al menos: cuerpo y sistema. Negar o privilegiar una de las dos miradas no me parece que funcione.