No basta con ser bella: enclave conservador
A pesar de que los animadores de televisión usan ipads y Twitter, este mundillo continúa lleno de fenómenos profundamente conservadores: mujeres objeto estilo vedette, homosexuales caricaturizados, futbolistas borrachos elevados a la categoría de ídolos, la permanencia de Paty Maldonado y Raquel Argandoña, etc.
El formato docurreality, relativamente reciente en nuestro país no escapa de la tradición conservadora: desde la cara de condescendencia de Karen Doggenweiler hacia las madres adolescentes en Mamá a los 15 hasta la normalización estética del Cangri y el Dash en Perla celebrando el fin del corte sopaipilla y el consiguiente ingreso a un mundo mejor.
No Basta con Ser Bella se presenta como una de las mayores regresiones a la televisión de la dictadura. El título del programa que sugiere la búsqueda de cualidades más allá de la belleza física es engañoso y las veintitantas jovencitas son retratadas de manera muy triste. Prácticamente todas tienen escaso carácter, pololean con imbéciles, no tienen una visión realista de la vida y encuentran en la institución de las misses Chile la guía que las llevará a ser mejores mujeres de acuerdo a dudosos parámetros.
Obviamente esta institución busca normalizarlas a todas. Parten desde lo burdo de un análisis físico para después mandarlas a cirugías estéticas y posteriormente elevar valores como la disciplina y los modales de señorita.
En un afán supuestamente integrador hay una participante pobre que habla como chana pero, oh sorpresa, es bonita y tiene ojitos claros. Probablemente permanecerá durante toda la temporada y al final hablará un poco más como la gente, le teñirán bien el pelo y el cambio será apreciado como un triunfo de esta práctica ochentera de los concursos de belleza.
Estamos en el 2012 y sigue pareciendo aceptable y hasta bonito ver a mujeres en la televisión dispuestas a mutilarse por un título que a nadie le importa, que se sometan a la evaluación de los expertos en concursos (de seguro gente desquiciada) y más encima tener que aguantar las caras de caliente de Julio César Rodríguez mientras las abraza cuando están en bikini.
¿A qué hora aparece Claudio Sánchez entrevistando a Pinocho?



A mi no me gustó por otras razones. Si bien concuerdo con el análisis y la visión normativa que tiene el programa (¿cómo chucha “mandan a operarse” a minas perfectamente sanas?), creo que adolece de otros problemas más graves:
la weá es fome.
Eso. No hay minas disociadas de la realidad, ni protagonistas que te generen empatía. De hecho -atento Sernam- me dieron ganas de pegarles a todas, por aweonás. Eran todas demasiado huequilais y… no sé, realmente la única mina atractiva como personaje es la cumeitor que obviamente se mandará un Pretty Woman (no es que sea puta, es que se hará “señorita”) y ganará y oh qué bakán ya no eres tan cuma. Mala la weá.
Además que encuentro feas a las locas porque tienen menos carne que un wantán. Deberían poner a minas de curvas generosas en bikini. Esa weá hasta la grabo
Pucha sipo, fome pal potencial que tiene la idea. En realidad las minas podrían ser más interesantes si explotaran su estupidez pero la obsesión de convertirlas en cabras cuicas del pasado tipo Josefa Isensee lo arruina todo.
Igual es rica la mina que pololea con el anciano. Mi favorita.
No va a ganar la pobre, va a salir tercera o por ahí y la lección de vida va a ser “los pobres también pueden”.
“los pobres también puede, con esfuerzo…pero igual los ricos son mejores”
@gokú…. igual me quedo con la weca que se lo suelta al tata pinta de narco.