Argandoña, Labbé y las interrogantes de la democracia

Argandoña, Labbé y las interrogantes de la democracia

A veces la democracia es difícil, porque implica someterse a la voluntad de la mayoría. Y como todo colectivo – impersonal y diverso-  sus motivaciones nunca son únicas y jamás pueden ser totalmente aprehendidas.

El problema es que de tanto en tanto “la voz del pueblo” hace demandas demenciales  y estamos obligados no sólo a oírla, sino que a satisfacerla. Es así como en Chile –y sólo en Chile-  un ex agente de la DINA puede ser elegido alcalde durante un periodo mayor al de la dictadura para la cual torturó.

Y, en última instancia, el problema no es de la democracia en si misma, ni del sistema electoral y ni siquiera de la justicia; el problema es una sociedad que ha elegido no tener memoria y creer que los que ayer mataron, saquearon, humillaron, torturaron y convirtieron esas prácticas en políticas de un estado que controlaban bajo el designio de nadie, merecen también ser parte del  juego democrático. Una idea impuesta y validada en las urnas por una sociedad que ha optado por no ver la contradicción evidente y hacer como que aquí no ha pasado nada.

Cristián Labbé es el elefante blanco que nos hace muecas mientras le barremos la caca, en este fundo con aires de reino llamado Chile.

Pero nada de lo que diga importa. Nada de lo que nadie diga importa, porque si a los electores de Providencia no les importó elegir a un torturador el ’96, no tendría porqué importarles ahora. Labbé no necesita aclarar nada ni mucho menos pedir perdón para ganar y cualquier acusación en su contra parece intrascendente.

Es la cara más horrible de la democracia que tenemos.

Si Labbé tiene un símil televisivo, esa es Raquel Argandoña: prepotente, ordinaria, trepadora, inescrupulosa, matonesca, ramplona, facha. Raquel Argandoña representa todo lo que está mal con este país, un recordatorio de que la dictadura todavía nos pena.

Cuando se anunció el reality de Raquel Argandoña y su familia todo el mundo pareció asumir que sería un gran éxito y no había razón para dudar de ello. Y cómo no, empezó la histeria por Twitter – plataforma histérica por antonomasia-  de que el financiamiento del programa y la televisión pública y de calidad[i] y blablablá.

Y sorpresa: al programa le fue como el culo. Tan mal que después de dos capítulos acortaron la temporada y  lo cambiaron para el sábado, que básicamente es como dejarlo para que lo recoja el camión de la basura. Alguien inventó el hashtag #Twitterlologró y algunos hicieron lecturas hiperoptimistas del hecho.

¿Por qué la gente no vio Las Argandoñas?[ii] Simplemente porque Pareja Perfecta está mejor. Ni siquiera es que a la gente no le haya gustado el docureality de TVN, simplemente no lo consideraron. No hay un trasfondo ideológico en esa opción, sino puro consumo.

¿Qué nos dice todo esto de la democracia? Pregunto en serio



[i]  En rigor la televisión pública en Chile no existe: TVN se financia y compite igual que cualquier otra señal de TV abierta y está sujeto a las mismas lógicas que Mega, por ende, no puede producir nada distinto. Por otro lado, los estatutos de TVN establecen una serie de deberes que suenan bonitos, pero son vagos y vacíos: ¿Qué chucha significa “Entretener sanamente” en la práctica?

 

[ii] Siendo una de las 9 personas que ha visto este programa, puedo decir lo siguiente: la factura no está mal, aún cuando el segundo capítulo corría infinitamente más lento que el primero; el problema no es técnico. El punto está en que no hay absolutamente nada que ese programa pueda mostrar que 1.- No supiéramos o 2.- No nos fuéramos a enterar por otro lado. El reality pretende mostrar la intimidad de un personaje, pero Raquel Argandoña desde siempre que ha ventilado su vida a cambio de plata. Por ende todo el factor “novedoso” de la imagen se diluye. No porque necesariamente lo hayamos visto antes, sino porque la posibilidad de verlo no es lejana en absoluto.


Commentarios

14 opiniones en “Argandoña, Labbé y las interrogantes de la democracia”
  1. odiosx says:

    “¿qué nos dice de la democracia?”

    lo evidente, lo que lxs cabrxs de la aces y otros varios ya cacharon bastante bien: que se trata de elegir entre coca cola, fanta o sprite cada un par de años, mientras “la ciudadanía” produce día a día las riquezas que acumula el 1%, las 4 familias, los putos de siempre, en un ritual cotidiano que suplementa al tiempo de la fuerza de trabajo, el consumo del espectáculo y de los cosméticos materiales de la no-vida.

    (y así aún algunos imbéciles siguen llamando a votar)

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  2. Jovenfred says:

    Si. Algunos imbéciles estamos llamando a votar. Y claro que tiene sentido. Si no te gusta la coca cola o la fanta anda y di que no te gusta. Puedes dejar el voto nulo y dejas claro que no te gusta. Por ultimo dibuja un pico gigante en el voto. Pero si no vas a votar lo único q estas haciendo es aceptar sin usar tu derecho a reclamar.

    O acaso tu crees que alguien va a distinguir entre los no votos de los que se oponen por un asunto ideológico de los que simplemente les dio paja ir a votar?

    Al menos yo voy a votar dejando dibujado un pico gigante, de lado a lado en mi voto, tal cual lo hice la vez anterior.

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    • juano says:

      yo respeto tanto a los que prefieren no ir a votar como a los simpatizantes del partido del pico, pero eso de que “por lo menos votando nulo manifiestas tu descontento” es una falacia gigante. el que gane se pasa por la raja los votos nulos; eso no es un lloriqueo pesimista, es una observación empírica. el voto nulo tiene exactamente la misma consecuencia de no ir: no dar votos. nada más, nada menos. nada de que los votos se van a sumar al que gane, ni que los votos nulos son un mensaje a la clase política. esas hueás son fantasías.
      yo soy de la manga de perkinazos que va a votar nulo, pero sugeriría que paremos de actuar bajo esa suposición de que el ritual de esperar 20 minutos en fila para dibujar un pico tiene alguna diferencia práctica con no votar, más allá de poder llegar a la casa a decir “mmyaaam, cumplí con mi deber cívicooomm”

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    • Óbelix says:

      No hay nada que interpretar de un voto. El descontento no tiene opción y lo único que van a haber son aproximaciones truchas. Algunos dejan de votar tanto por descontento como por paja; votar por X va desde la representación absoluta hasta creer que es el mal menor; y marcar nulo va desde el “descontento” hasta querer tener un voto simpático que puede salir en las noticias (aunque parece que desde ésta ya no se aplica como nulo).

      Entre darme la paja de ir y jugar a que mi voto representa algo puntual y correrme la paja dominical, prefiero la que requiere más esfuerzo manual.

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  3. Asmeguin says:

    “No hay un trasfondo ideológico en esa opción, sino puro consumo.

    ¿Qué nos dice todo esto de la democracia? Pregunto en serio”

    Ahi te respondiste sólo, compadre..

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  4. TITO says:

    #dibujaunpicoenelvoto

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  5. Juan says:

    Y?…
    Esta sinvergüenza hace como la Gemita Bueno:”Este país me lo meto en la r…”.
    “Sigan hociconeando pero no se les olvide el cheque”.
    Tarados los de TVN,tarados los periodistas que siguen el juego y más tarados los ociosos que dedican tiempo a ver estupideces.

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  6. plinio says:

    no se cauros.. es raro Chilito. Es capaz de dar sacar un pdte socialista democráticamente (2 veces). Luego, luchar contra la dictadura pero aun asi Pin8 sacó 47% (puede que haya habido arreglo ahi..). Despues, es feliz con el neoliberalismo mas extremo del mundo (en los 90s) y ahora esta aburrido de que los abusen (isapres, farmacias, politicos, educacion de mierda, etc). Chile es como la vieja culiá del barrio. Arribista pero pobre en el fondo y que le cae mal el vecino moreno. En el fondo cree que la mano dura es mejor, de ahi que le brillen los ojos con Labbe o la parada militar.. No se .. es un fundo este pais aun. Slds

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    • Andres says:

      Nada de raro, en Chile la mitad de la gente es de derecha. Y otra buena parte dice “no estoy ni ahí con la política”, que es parecido a ser de derecha. Y por último, están los mentirosos, pajeros, cobardes, y mulas.
      Cuando incorporas todos estos hechos, la cosa empieza a cobrar sentido.

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